Argentina asfixiada… ¿por ecocidios vernáculos?

Incendios en CórdobaInflación ígnea y recesión ecológica

Con renovadas excusas y permanente impunidad, tanto las provincias de Córdoba como Santa Fe, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Rio Negro, Formosa, Mendoza y San Luis, entre otras, recurrentemente se ven sometidas por absurdas tragedias ambientales, exhibiendo anualmente un agravamiento geométrico, naturalizadas oficial y atónitamente como “Temporada de incendios” (https://www.mendoza.gov.ar/drnr/temporada-de-incendios-forestales/)

Nadie profundiza en las irresponsabilidades vg., de las autorizaciones y regulaciones anárquicas para desarrollos inmobiliarios, sojeros, turísticos y otros; ni en la llamativa ausencia de grieta para negarnos una urgente ley de humedales, procrastinacion normativa tan inexplicable como imperdonable ante la dantesca agonía y/o ecocidio de nuestro lánguido ecosistema, su fauna y su biodiversidad.

Hace 10 años que en gran parte de nuestro país (hoy amenazada, acorralada y asfixiada por llamas y humo, perniciosos), infructuosamente, funcionarios, legisladores y opinólogos altamente rentados, liviana e inoperantemente discuten múltiples y diversos anteproyectos, planes y programas para conservar y remediar en su caso, miles de millones de hectáreas esenciales para la vida misma en todas sus formas: humana, animal, vegetal o recursos naturales (vg., flora, biomas, biósfera, etc.)

Ante la gravedad y prolongación de esta tragedia ígnea, no solamente se trata de que santafesinos rosarinos, nicoleños, etc, próximos al delta del rio Paraná -injustamente invadidos e impregnados de humo- se vieron compelidos a usar “calificadas y autorizadas mascarillas” para sobrevivir, sino que nuevamente se oscurece y enturbia la normalidad de la vida en casi todo el territorio nacional, tanto en materia de educación, de circulación, de serranías y viviendas afectadas, del derecho de propiedad, de elección de domicilio, etc., etc.

A todo esto, ministros nacionales y secretarios provinciales de ambiente, intendentes y jueces eventualmente involucrados, debieran mínimamente ser imputados, procesados y juzgados con la severidad correspondiente,  concomitantemente pareciera tan ridículo como criminal –cual gesta de Malvinas- obligar y exigir a nuestros nobles bomberos voluntarios que en estos términos y contextos, se jueguen su vida en un desperdicio absoluto de hidalguía en cada prevenible episodio ígneo, batallando en desigualdad de condiciones contra los fuegos que afectan a distintas geografías argentinas; ello no obstante la fortuna recaudada (¿y desviada?) por distintas instancias estatales con supuesta afectación a fondos específicos de prevención, precaución y lucha contra fuegos; pero fuegos eventuales y razonablemente imposibles de prever y contener; no aquellos provenientes de una ladina llamita o tizón ardiente que se enciende en cada negociado espurio de cada autorización o regulación impropia a que aludimos en el segundo párrafo precedente.

Lo cierto es que, si bien todos estamos admirados, conmovidos, asombrados y orgullosos de nuestros bomberos voluntarios, con eso, con medallas, diplomas y aplausos ¡no alcanza!, cuando de cinismo, traiciones, posibles enriquecimientos ilícitos y canalladas políticas ígneas, se tratara.

De tal manera, resulta desgarradoramente baladí contrastar el accionar inapreciable de nuestros magnánimos bomberos voluntarios con los escándalos incesantes de una privilegiada e inútil casta política, la misma que desde 1983´ no suelta “ninguna teta”

Por último, toda conciencia de ciudadanía como virtud cívica debe motivar nuestras responsabilidades y deberes, tanto personales como funcionales y comunitarios. Esta, y no otra, es la mejor garantía de la consagración de los derechos, como emanación natural del entrecruzamiento de los deberes de todos. Ese es el horizonte de una civilización cooperativa de sujetos éticos para la cual, en este caso, la ley de humedales y toda otra necesaria o convergente –federalmente– no deben esperar, si en espíritu y en verdad queremos dejar atrás todo atisbo de ecocidio vernáculo.

Finalmente, con las leyes de manejo del fuego 26815 o 27604 y sus prohibiciones de hasta 60 años para predios incendiados desde su extinción… ¡NO ALCANZO!

Roberto Fermín BERTOSSI

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